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sábado, 9 de junio de 2012

Gente de series (Vol I)


OMAR (THE WIRE)

Si hay un personaje en la inigualable serie The Wire que destaque sobre los demás, ese es sin ninguna duda Omar…

En The Wire se plantea el enfrentamiento entre el Departamento de Policía de Baltimore y las bandas organizadas que controlan la compra y distribución de la droga en la ciudad.

Pero The Wire es algo más que una serie de policías y delincuentes: The Wire habla de la gente de la calle, sus miedos, esperanzas, su día a día en un infierno de muerte y desesperación.


Y entre esas personas que viven a pie de calle y sufren un clima violento y hostil, suelen surgir de vez en cuando individuos con una diferente visión de la vida, y con una ética tan particular y abrumadora que su misma existencia en este mundo puede constituir una especie de bomba nuclear, de tan transgresora e inestable como es.

Omar va por libre. Es un “elemento x” en una serie ya de por sí repleta de “elementos x”, pero Omar va más allá y defeca en las demás “x”. Su personaje respeta unos principios de no agresión a quien trabaje fuera del “negocio” (la droga). Sus ataques van contra las bandas organizadas, y de ahí consigue el dinero para subsistir. Pero a un alto precio: la continua presencia en la cuerda floja tanto de él como del resto de personas que le rodean.

En este mundo actual en el que los principios, los valores y la ética son elementos que brillan por su ausencia, individuos como Omar representan un aire freso para las esperanzas de una humanidad en continua crisis espiritual.

Si hay algo que me ha aportado The Wire es la conciencia segura de ser capaz en cualquier momento de cargar una escopeta y salir a las calles a impartir justicia.


Joseba Gomez

viernes, 4 de mayo de 2012

Hablemos de cine (Vol III)



FORD FAIRLANE


Mi fijación hacia determinadas películas roza el fanatismo. En ocasiones, un filme no ha de ser bueno para que se introduzca en lo más profundo de nuestro alma, sencillamente tiene que llegar en el momento preciso.

“Las aventuras de Ford Fairlane” refleja las peripecias de un detective de Los Angeles en esa época tan mágica y única que supuso el cambio de década de los años ochenta a los noventa. Un cambio musical y social gestado en parte en la que venía a ser la capital del mundo en esos momentos.

Ford Fairlane refleja en su personaje una chulería melancólica y rebelde de alguien que observa que su tiempo ha acabado, que a partir de ahora no será sino una simple silueta reflejada, a la manera de olvidados mitos cuya veneración ha pasado a mejor vida.

Ford Fairlane representa ese Los Angeles canallesco de la década de los 80, donde la vida se abría paso a cada recodo, en forma de bandas hardrockeras que tomaban las calles en conciertos improvisados. En forma de skaters que amedrentaban al peatón sobre sus tablas de velocidad. En forma de fiestas y bacanales de las estrellas de cine. Todo ello quedaría repentinamente silenciado (o notablemente apaciguado) con el cambio de década. Una tristeza descomunal comenzaba a asomarse tibiamente a través de las viejas colinas angelinas. Ya no habría tantos skaters en las calles, el star system de Hollywood variaría en parte su forma de proceder, y el arrrebato de pasión y vida representado por Guns´n´Roses y otras bandas locales estaba a punto de dar su relevo en el mainstream a los aullidos de dolor procedentes de Seattle y del movimiento grunge.

Ford Fairlane se rebela contra eso. La película no es sino una llamada de auxilio. Un grito de reivindicación de unos años que van a quedar atrás sin remedio, no porque hayan perdido una batalla, sino porque el rock´n´roll y la vida no son sino un flujo continuo de cambio y renovación. Si el nuevo modo de transmitir esa transgresión no va con nosotros, podemos retirarnos disimuladamente o podemos dar un puñetazo en la mesa.
 Esa última opción es la opción de Ford Fairlane. Por esa razón amo tanto esta película.


Joseba Gomez

viernes, 30 de septiembre de 2011

El último vals


Hoy he vuelto a visionar “El último vals”, el documental de Scorsese en el que asistimos al concierto-despedida del mítico grupo The Band.
Si no lo has visto todavía, no sé a qué esperas, pues estamos sin duda ante uno de los momentos definitivos de la historia del rock n´roll.


Los miembros de The Band no tenían en mente hacer un concierto-despedida cualquiera, sino EL concierto-despedida, algo que se recordase con auténtico fervor y adoración muchas décadas más tarde.
Para el evento, se pusieron en contacto con un elenco de artistas de lo más variado: Neil Young, Eric Clapton, Van Morrison, Bob Dylan… esos y otros artistas intervendrían cada cual en un determinado momento del bolo interpretando temas propios o ajenos en colaboración con The Band. 

El resultado: deslumbrante. En ese concierto se llegaron a alcanzar tales cotas de intensidad, emocionalidadMÚSICA, que cualquiera que visualice el documento y no desee en el instante encontrarse en primera fila del bolo aquel día tan mágico de mediados de los 70´s, se ha de suponer que no tiene otra cosa que horchata en las venas.

Joseba Gomez

El Equipo A / Ya no se hacen series como las de antes / Episodio 004

En 1972, un comando compuesto por cuatro de los mejores hombres del ejército estadounidense, fueron encarcelados por un delito «que no había...