"El asombroso viaje de Pomponio Flato" de Eduardo Mendoza
En uno de sus viajes queda solo y enfermo en medio del desierto hasta que una tribuna nómada le rescata y le acerca hasta un destacamento romano que lleva destino a Palestina con una única misión: supervisar la ejecución del culpable del asesinato del rico Epulón (si, el de la Biblia). El problema es que no hay ninguna cruz disponible, por lo que hay que encargársela al único carpintero del pueblo que, casualmente, es quien tiene que ser ajusticiado.
Como parece que la vuelta a casa se retrasa, y para matar el hambre y el tiempo, Pomponio acepta veinte míseros denarios por investigar el crimen en nombre del hijo del carpintero, un niño marisabidilla y más repelente que el niño Vicente y que se llama, como no, Jesús (si, también este sale en la Biblia). Si habéis leído algo de Eduardo Mendoza (los que estén en la treintena recordaran haber tenido que leer El misterio de la cripta embrujada en el instituto) ya conocéis su sentido del humor, así que la crítica de las religiones es tan sutil que casi pasa inadvertida, pero lo que es seguro es que os vais a reír un rato (no en vano, el primer chiste ya aparece en el título del libro); para aquellos que piensen que es otro más de romanos y por tanto un coñazo, os diré que no hace falta saber nada de la historia y cultura romana y que con poco más de cien páginas se lee del tirón.
Zelia A.
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